Nuestra espirulina

En Aitana Espirulina cuidamos nuestro cultivo hasta en el más mínimo detalle. Partimos de una cepa de espirulina propia, no modificada genéticamente y adaptada al entorno en el que se cultiva. Controlamos el cultivo minuciosamente y realizamos analíticas periódicas para poder asegurar que no hay metales pesados, ni ningún tipo de contaminante en el cultivo ni en el producto final. 

Además, hacemos un uso responsable de los recursos, reutilizamos el agua para regar (y de paso fertilizar) los olivos de la finca ecológica en la que esta la espiru, minimizamos el uso eléctrico,  ayudamos a paliar el cambio climático y promovemos el desarrollo y la diversificación del mundo rural… ¿se puede pedir más?

Conseguir una espirulina de máxima calidad gracias a un cultivo sostenible en España no es fácil, pero eso no nos echa para atrás, todo lo contrario, nos anima a seguir investigando y a trabajar para que podamos ofrecer el producto que mereces.

Apostamos por las energías limpias, por eso utilizamos electricidad que proviene 100% de fuentes renovables. Aunque nuestro siguiente reto es generar nuestra propia energía para ser totalmente autónomos y conseguir una economía completamente circular.

El agua

El agua es el alma de la espirulina y por eso la cuidamos tanto. Para cultivarla, utilizamos la pureza del agua de lluvia de la Sierra de Aitana, paraje natural en el corazón de la montaña alicantina, libre de tóxicos y de metales pesados (se realizan rigurosos análisis del agua periódicamente). Aún así, hacemos un filtrado y depuración exhaustivos para conseguir los parámetros óptimos que necesita la espirulina para su crecimiento.

Pero no malgastamos ni una gota, ya que reutilizamos el agua cada vez que cosechamos, por eso es uno de los cultivos más sostenibles y que más agua ahorran. Es ideal para tierras desertificadas o zonas de secano, como es nuestro caso.

Aitana es el pico más alto de la provincia de Alicante, con sus 1558m de altura, hace que toda la humedad del mar de la bahía de Altea ascienda al toparse con ella, que luego se enfría y se condensa. Por eso, en Guadalest, tenemos la suerte de tener más lluvia que las zonas costeras, un clima más fresco y como no, unas vistas impresionantes.

espirulina al microscopio

La espirulina

La espirulina es una cianobacteria, uno de los microorganismos más antiguos y primitivos que habitaron la Tierra, cuando aún no existían ni las plantas ni los animales. Guarda la información del origen de la vida en el planeta y nos recuerda de dónde provenimos. Como esto trata de orígenes, hemos trabajado duro para conseguir desarrollar una espirulina propia, para saber bien de dónde viene y tener una trazabilidad total. Desde el origen hasta el destino, que eres tú.

Su color verdeazulado proviene de la ficocianina, un pigmento azul cian (de ahí el nombre de cianobacteria) que se mezcla con el verde de la clorofila, que también abunda en la espirulina.

Como no se trata de un alga ni de una microalga y no se cultiva en agua de mar, no tiene las mismas propiedades (no contiene tanto yodo como los cultivos marinos, por ejemplo). De hecho, como es un ser excepcional, tiene excepcionales propiedades.

El cultivo

Para cultivar espirulina tenemos que recrear las condiciones del mar primitivo, cuando el planeta no era más que volcanes y agua. Por eso utilizamos invernaderos en pleno verano, para conseguir una temperatura elevada y para proteger nuestro cultivo del viento y de la contaminación.

Dentro del invernadero nos encargamos de cuidar el cultivo y de cosechar antes de la salida del sol, que es cuando más proteína y ficocianina presenta. Así se consigue una calidad nutricional excepcional.

La seguridad y la soberanía alimentarias son nuestro objetivo. 

Espirulina artesanal en hebras

El secado

El secado de la espirulina se realiza para poder conservarla y almacenarla. Una de las características del cultivo artesanal es que evitamos al máximo la ruptura celular, para que sus preciados nutrientes no queden desprotegidos y no se oxiden. Con mucho cuidado, filtramos y centrifugamos la espirulina para separarla del medio acuoso y que llegue lo más intacta posible a la secadora.

Después la secamos en forma de finos espaguetis a bajas temperaturas para no estropear sus nutrientes. Un secado a menos de 40ºC lleva mucho más tiempo, pero así nos aseguramos de que sus valiosos antioxidantes (como la ficocianina) no se oxidan, que sus proteínas no se desnaturalizan y que sus vitaminas y enzimas siguen activas.

Por eso nuestra espirulina tiene un olor suave y un sabor agradable, porque está intacta y porque es de calidad. Potencia el sabor de tus platos y  puede usarse tanto en platos salados como en dulces y batidos de frutas.

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